
El ámbito más privado de uno, compartido. Penas, certezas, deseos, vivencias, fantasías poéticas y no tanto, dulzuras y miserias que solo quieren enfrentarte. Uno vuelca en incansables adjetivos que acompañan los signos, lo que uno elige, con los que uno elige. Seamos sinceros, uno no quiere juzgar, pero se ve forzado por el deseo interno de compartir la experiencia milagrosa del lenguaje en relación consciente. Bien consciente. Uno puede prometer desembarazarse de prejuicios y ataduras, confesarse en cada línea. Porque uno es su pieza escrita.


